Brecha digital persiste en México pese al despliegue de 5G y eSIM
Aunque las redes de quinta generación y la tecnología eSIM ya operan en el país, el acceso está limitado por el alto costo de los equipos compatibles.

A pesar de que los principales operadores en México han consolidado el despliegue de redes 5G y la adopción de tarjetas SIM virtuales (eSIM) en el territorio nacional, una parte significativa de la población permanece desconectada de estas innovaciones. A fecha de septiembre de 2026, la infraestructura permite conectar desde relojes inteligentes hasta dispositivos de Internet de las Cosas, sin embargo, el acceso masivo se ve frenado por la baja disponibilidad de teléfonos inteligentes que soporten estas tecnologías en los segmentos de mercado de gama media y baja.
La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes ha señalado en diversas ocasiones la importancia de cerrar la brecha digital, impulsando estrategias para mejorar la conectividad en zonas rurales mediante nuevas alternativas como el uso de satélites. No obstante, en las áreas urbanas del país, el problema no es la falta de señal, sino la obsolescencia del parque de dispositivos móviles que aún utilizan los usuarios, quienes dependen mayoritariamente de terminales limitados a redes 4G.
El ecosistema de servicios digitales, que actualmente busca integrar desde pagos electrónicos en comercios locales hasta servicios públicos avanzados, requiere de una penetración tecnológica más profunda. Mientras las grandes urbes ya cuentan con zonas de alta cobertura, la realidad en las regiones fuera de los centros económicos es que la transición hacia el 5G y la eSIM sigue siendo una aspiración más que una herramienta cotidiana para la mayoría de las familias mexicanas.
Analistas del sector coinciden en que la democratización de estas tecnologías dependerá de la reducción en los costos de los dispositivos y de políticas que incentiven la renovación tecnológica. Mientras tanto, el mercado mexicano se mantiene en una etapa de transición donde la infraestructura avanzada convive con una base de usuarios que aún no puede aprovechar las ventajas de la alta velocidad y la flexibilidad de las tarjetas virtuales.


