Cinco mitos sobre el testamento en México que frenan la seguridad patrimonial
A pesar de la importancia de la sucesión, menos del 7% de los mexicanos cuenta con un testamento, impulsado por falsas creencias sobre su costo y complejidad.

En México, la cultura de la previsión sucesoria sigue siendo una asignatura pendiente, pues las cifras indican que menos del 7% de la población adulta ha formalizado su última voluntad mediante un testamento. Esta baja tasa de participación responde a diversos mitos que circulan en la sociedad y que, según expertos del Colegio Nacional del Notariado Mexicano, impiden que las familias garanticen la tranquilidad de sus bienes ante el fallecimiento de un ser querido.
El primer mito es la creencia de que el testamento es un trámite excesivamente costoso. En este 2026, los honorarios notariales varían, situándose en un rango de entre mil y cuatro mil cien pesos, dependiendo de la entidad federativa y las campañas vigentes. Muchos ciudadanos desconocen que, durante periodos específicos como el mes de septiembre, los notarios públicos aplican descuentos significativos en apoyo a la economía familiar para fomentar este derecho.
Existe también la idea errónea de que el testamento es exclusivo para personas de la tercera edad o con enfermedades graves. Los notarios insisten en que cualquier persona mayor de 16 años, en pleno uso de sus facultades mentales, puede realizar este trámite para evitar conflictos legales a sus herederos. La falta de este documento no significa que los bienes pasen automáticamente al Estado, pero sí obliga a los familiares a iniciar un juicio sucesorio intestamentario, proceso que suele ser largo, costoso y desgastante para los involucrados.
Otra confusión común es pensar que el testamento es un documento definitivo e inalterable. La realidad es que el testador puede modificar su voluntad tantas veces como lo desee, simplemente otorgando un nuevo testamento que anulará al anterior. Esta flexibilidad permite que el ciudadano adapte la distribución de su patrimonio según los cambios en su dinámica familiar o en la adquisición de nuevas propiedades a lo largo de su vida.
Finalmente, se cree que el proceso requiere una gestión compleja ante diversas autoridades. En México, el procedimiento es sencillo y se limita a una entrevista con un notario público, quien brinda asesoría legal y formaliza el documento en una sola sesión. Al registrar el testamento en el Archivo General de Notarías, se garantiza que la última voluntad sea respetada, brindando certeza jurídica y evitando disputas legales que a menudo fracturan las relaciones entre los familiares sobrevivientes.


