Errores comunes al preparar café en casa según expertos baristas
La amargura o falta de cuerpo en el café doméstico suele derivar de errores en la molienda y la temperatura del agua, según expertos.

Preparar una taza de café que alcance su máximo potencial aromático y de sabor no requiere necesariamente equipo profesional, pero sí precisión en los detalles fundamentales. Expertos baristas en México señalan que el origen del problema cuando el café resulta amargo, excesivamente flojo o carente de notas distintivas, reside frecuentemente en la técnica de extracción y no en la calidad del grano adquirido. Este jueves 30 de julio, especialistas en el sector cafetero subrayan que el control de variables básicas puede transformar radicalmente la experiencia de consumo en los hogares mexicanos.
El primer factor crítico es la molienda del grano, la cual debe ajustarse estrictamente al método de preparación utilizado. Una molienda demasiado fina para una cafetera de goteo, o muy gruesa para una prensa francesa, impide que el agua extraiga las propiedades deseadas de manera equilibrada. Los expertos advierten que el contacto prolongado con agua hirviendo, recién salida de la ebullición, suele quemar el café, extrayendo compuestos amargos que ocultan las notas dulces y ácidas naturales del grano.
Otro aspecto fundamental es el uso de agua filtrada o purificada, evitando en todo momento el agua directamente del grifo. La presencia de cloro y otros minerales en el agua corriente altera significativamente el perfil de sabor, restándole pureza a la bebida final. Se recomienda que el agua se encuentre en un rango de temperatura entre los 90 y 96 grados Celsius, permitiendo que el café se hidrate correctamente sin sobreexponerse al calor excesivo.
Finalmente, la frescura del grano y su almacenamiento son determinantes para mantener las propiedades organolépticas intactas. Los baristas sugieren mantener el café en recipientes herméticos, alejados de la luz directa y fuentes de calor, además de moler la cantidad exacta justo antes de la preparación. Estas prácticas sencillas, aplicadas sistemáticamente, permiten que el consumidor doméstico extraiga todo el espectro de sabores que los productores locales han trabajado por preservar en cada cosecha.


